¿Por qué me agrediste?

Escrito por Margot Villellas, delegada de la Sociedad Científica de Justicia Restaurativa en la comunidad de Madrid.

“El sistema judicial penal es un camino para obtener justicia y se enfoca principalmente en el castigo. En mi caso, yo no buscaba un castigo para él. Algunos no queremos que las personas que nos importan vayan a la cárcel, aunque realmente queremos que se termine la violencia.

Además, no creo que la amenaza de la cárcel sea siempre efectiva en lograr que las personas asuman la responsabilidad por el daño que han causado. En muchos casos, los hombres niegan haber hecho daño para evitar ir presos. El sistema penal no me habría preguntado qué necesitaba yo para seguir adelante con mi vida ni cómo se podría reparar el daño que me habían causado. Además, el sistema penal no pone el foco en la rehabilitación ni en ayudar a las personas violentas a reconstruir sus vidas sin violencia. Para mí, no tiene sentido”. 

Este extracto es parte de la entrevista que hizo a Attiya Kant, Arwa Mahdawi, a propósito de la presentación de su documental titulado “Un hombre mejor”.

En una calurosa noche de verano, una chica de 18 años huía de casa y corría por las calles de su ciudad temiendo por su vida. Se llamaba Attiya Khan y se escapaba de Steve, su exnovio, que había estado abusando de ella desde hacía dos años. 22 años más tarde, Attiya pide a Steve que se reúna con ella porque quiere saber cómo recuerda él su relación y si está dispuesto a asumir la responsabilidad de sus acciones violentas. Attiya decide filmar este primer encuentro con el ex que la maltrataba. Esta reunión emocionalmente cruda marca un nuevo comienzo en el proceso de recuperación de Attiya, así como un punto de partida importante para Steve. Attiya fue víctima de maltrato.  Según ella misma describe, temió por su vida, no solo en el momento de las agresiones, sino cada  día  de los  veinte años siguientes, imaginándose escenarios  terribles  y posibles respuestas   que la permitieran sobrevivirlos. Un día dejó de correr. Se sentó con Steve frente a una cámara y le preguntó: ¿Por qué? ¿Por qué la había maltratado? ¿Estaba arrepentido de lo que le había hecho?

Hoy he querido traer este testimonio real y en primera persona como un ejemplo de lo que siente y puede pensar y sentir  una víctima concreta,  y de alguna manera,  poner el foco en un formato más de lo que, para mí,  se incluiría en la diversidad de lo que denominamos Práctica Restaurativas.

De un tiempo a esta parte, son  muchos los intentos teóricos que desde  bien  los Ministerios de Justicia,  Representantes del Mundo académico, Profesionales de la justicia o Instituciones judiciales  pretenden definir qué es, para qué sirve, que límites tiene y en qué consiste  lo que a título general llaman la Justicia Restaurativa, pero  constato que son pocos, escasos o nulos, los testimonios reales  recogidos en primera persona  de  los protagonistas  de Prácticas Restaurativas y  sin embargo, no me cabe la menor duda, que es  ellos dónde se encuentra la esencia  y el para qué de  toda ellas.

“¿Quería que me dijera por qué lo sentía?” nos decía Attiya.

¿Por qué me agrediste?

Necesitaba comprender.

¿Cómo?  ¿Hay más de una manera? ¿De qué y de  quién depende?

Para Attiya y Steve esta fue la manera. Tal y como  parece perfilarse actualmente  en nuestra Ley  ésta podría considerarse una práctica imposible, sin embargo  está fue la suya. Y de esto  entiendo que se debería tratar,  de poder otorgar a la víctima la posibilidad de  encontrar justicia, de  hallar seguridad en el sistema y en ella misma, en su comunidad,  de poder facilitar el  camino (diverso y particular) de su sanación y al victimario poder asumir su responsabilidad y reinserción en la comunidad.

“Es hora de que las personas que hacen daño a otras asuman la responsabilidad de sus acciones. También es hora de que las personas que han sufrido violencia tengan más opciones para encontrar justicia, seguridad y sanar sus heridas.”

“El sistema judicial penal es un camino para obtener justicia y se enfoca principalmente en el castigo “, continúa diciéndonos Attiya.

Y efectivamente así lo entendemos. Es misión del Derecho Penal el dictaminar los tipos penales con el fin de regular la convivencia,  frenar  determinadas conductas y/o disuadir a otros de repetirlas de acuerdo al Principio de interacción mínima y el delito, generalmente, se dirime en los Tribunales, conforme a las Legislaciones vigentes en un proceso cerrado. Para muchos damnificados eso es suficiente. Y eso es bueno para quien así lo piense o  sienta. Pero también observamos que otros manifiestan que necesitan  algo más. Los caminos vitales  singulares de cada uno de los protagonistas   se anudan  a través del ilícito en  un vínculo  real diverso. El  decidir cómo desatarlos implica, entre otras cosas, un  diferente calado de  interacción, de implicación que,  a su vez,  darán  lugar  a  distintos grados de restauración.

Son muchos los debates y diatribas sobre la oportunidad, conveniencia y límites de la Justicia Restaurativa en el ámbito Penal. Sin embargo, el  verdadero tema en Prácticas Restaurativas no es cómo tanto cómo afrontar el delito, conflicto o problema, ni  regular el ilícito y sus consecuencias, como  el hecho de  aportar la   posibilidad  de facilitar el cómo afrontar la Vida de las partes durante y tras el mismo.  Y este “cómo” aunque común y compartido, a veces, comprobamos que en la práctica es diverso y personal.

La solución jurídica no satisfacía completamente a Attiya. Conocemos  muchas, incontables, sentencias que dan por  finalizado el hecho por  la “compensación / castigo” recogida en la  sentencia  y también sabemos  que pueden resultar satisfactorias para  todas y/o al menos para una de las partes , pero también  constatamos muchas  otras  para las víctima o  incluso, para  ninguna  de las parte los efectos de la misma  no son más que una especie de sutura en falso que  impide  sanar y/o  reinsertar. Que impiden construcción de comunidad en positivo.

¿Se deberían entonces consentir dichas Prácticas?

Conozco, en primera persona, el esfuerzo que supone  intentar ir a la forja del hecho, al génesis de los  acontecimientos y  ascender  hasta los efectos que se despliegan de ello.  El esfuerzo que supone intentar  facilitar el ahondar en  los cimientos de la ira y el temor / miedo,  de una  forma que  es, por las características intrínsecas del  proceso Penal, prácticamente imposible adoptar en Sala,  y también que  éste puede, sin embargo, ser la clave para  ayudar a las partes  mejor.

Abordar un Proceso Restaurativo entra en un ámbito distinto que requiere Seguridad, Respeto, Madurez y Voluntad.

En las encuestas realizadas a las partes es fácil constar que para todas ellas hay una diferencia esencial entre el mero cumplimiento de la sentencia por acatamiento y aquello que pueda derivarse de la voluntad de la reparación. Tampoco son iguales los efectos que  se despliegan a raíz de ellas.  Hoy por hoy, es en el campo de la Justicia Restaurativa  dónde  mejor  se vienen  materializando la máxima  que afirma que para poder construir un modelo de sociedad madura es necesario que las personas que componemos ese modelo asumamos la responsabilidad de nuestras acciones. Iniciar una Práctica Restaurativa no es garantía de  poder encontrar finalmente Justicia, Sanación ni Reinserción,  ya que convergen  infinitos factores, pero si me permite  afirmar, sin lugar a duda,  que   las posibilidades  de ello aumentan exponencialmente cuando  entre  los marcadores  positivos comunes están el empoderamiento,  la actitud abierta, el reconocimiento, el respeto mutuo, la sensibilidad y la respuesta empática, el coraje, la paciencia; la conexión y/o influencia, la responsabilidad, la aptitud y la actitud positiva, la colaboración y la cooperación, y ello me inclina a pensar que  siempre vale la pena intentar.

 

Margot Villellas

 

  Fuentes:

 

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